2015/07/26

carta

Querida sobrina,
Quería hablarte de esta mañana, que tan triste te noté... te acordás?
Te miré con dulzura.
Te sonreí antes de irme.
Tu novio te hablaba anoche de su hablar de vos a los demás, de su orgulloso hablar de vos. Vi sonrojarse tus mejillas. Estabas contenta.
"No, a la mujer se la deja encerrada en casa..." decía él con tu rubor de aplauso, "más si es hermosa y fascinante como la mía... y sí, la voy a mandar a rendir materias para equiparar su título..., y me decían 'pero naturalmente como no frecuentante', y yo, 'lógico! ni ahí de frecuentante', jajaaa!"
Yo no quise interrumpir tu felicidad. A veces el orgullo también es una forma de control, porque quién no se vuelve dependiente de aquel orgullo que alguna vez pretérita logró causar?
Ruborizate sin culpa. Cosechá lo que puedas, tu eterna excusa para no denunciar lo injusto. Pero solo para bien. Y que la ecuación final sea resolvible.
A la noche vuelvo y pongo en el horno las papitas.

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