Existe el mundo. Y existen los mundos. Tenés dos, tu mundo es tu cuarto en el universo de tu casa. Tenés trece, tu mundo son las delicadas relaciones de la así llamada "escuela media"... donde realmente te forman... o no. Donde si sos nena te volvés silenciosamente mujer con una mirada asustada en un cubículo del baño, y sufrís las flechas de las malas y las envidiosas, que por lo general coinciden. Donde si sos nene, y no sos deportivamente ágil, te catalogan como gordo. Y si sos gordo, seas nene, o nena, es como llevar una pelota de plomo encadenada al pie.
Y existe el submundo de ser el de afuera y encima ser bastante especial.
Las demás minorías, en vez de acogerte, de unirse para defenderte, te acusan, separan, y maltratan mucho más que la mayoría.
Sentís desilusión más grande que tus años, sentís añoranza de como tendrían que ser las cosas sin ni siquiera poderla describir.
Situaciones pasajeras que en el instante son eternas. Caídas, humillaciones, contrastes, críticas, desprecio, injusticia, junto con el jamoncito del medio de la merienda... si tu mamá se acordó.
Y cuando te viene a buscar, ella, tu mamá, mira tus ojos, tu sonrisa, espera a ver qué tal sobreviviste... espera ansiosamente que no se haya roto lo irrompible.
Y como cada persona de fe, y como cada obsesivo compulsivo, el suspiro de alivio llega también hoy. Llega cada vez. De lo contrario, tendría sentido.
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