A veces estoy así sentada nomás, y percibo como un soplo de conciencia, los bordes de algo que está pasando tipo en otra dimensión.
Como si por equivocación me adelantara al siguiente truco del mago, y supiera lo que está a punto de hacer suceder. No es abarcante como el corrimiento del telón en el capítulo 84 de Rayuela, que viene inevitablemente golpeando a la memoria y me parece ahora a mí que es más grave que lo que estoy tratando de describir.
Me enternece mirar al costado por un momento, sobre la pantalla, y espiar si el siguiente es el cuadrado o el palo o la L o la Z o su reverso. Otro nivel lúdico, pues.
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