2011/12/31

Sideral

En la bruma perlada de cada mañana
Difícil es ver algún porvenir;
Nos movemos inciertos, la noche lejana,
Pues ya su escondijo no puede servir.

Pero pasan las horas adentro del alma,
Y vemos maneras de vernos surgir;
Nuestros pasos se nutren, se unen las palmas,
Y fortalecidos, no cuesta servir.

La tarde se expande, radiante y osada,
Un vago recuerdo la duda de ayer;
Corremos cegados, por sueños de nada,
La sangre nos hierve, ¡hay tanto que hacer!

Y así nos sorprende la noche estrellada,
La sombra reluce su capa de añil:
Ya es tarde, lo siento, nos dice su espada,
Lo hecho está hecho, y ahora, a morir.

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